Durante este mes hemos celebrado el día del RAEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos), como todos y todas sabemos, cuando un dispositivo electrónico se denomina RAEE, pasa a una fase de desmontaje y separación manual de los componentes del aparato: Reciclaje mecánico; mediante la extracción y triturado de materiales; fundición para la recuperación de metales y reciclaje químico; aplicable a metales preciosos (oro, plata, etc.). Siempre que la gestión de estos residuos, sea correctamente tratada.

Aunque nos parezca que la gestión de estos residuos está más controlada, todavía se siguen enviando a países como Ghana, país de África occidental, uno de los vertederos de residuos electrónicos más grandes del mundo, y recibe principalmente desechos electrónicos europeos.

Estos desechos durante su descomposición, producen gases que van a la atmósfera y líquidos que penetrarán en la tierra y, todo esto está llegando a tal dimensión, que está afectando a las aguas del mar africano y sus efectos podrían estar ya repercutiendo en el consumo de pescados contaminados y, a su vez, en la dieta de la población mundial.

¿Quién no tiene un ordenador, un móvil, una Tablet, u otro dispositivo electrónico? ¿Quién no se queja cuando sus aparatos electrónicos comienzan a cargar peor, van más lentos, o a disminuido la durabilidad de sus baterías? ¿Cada cuánto tiempo cambiamos nuestros dispositivos electrónicos?

Todo esto lo denominamos obsolescencia programada, y viene a ser la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del mismo, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible por diversos procedimientos, por ejemplo, por falta de repuestos, induciendo a los consumidores a la compra de un nuevo producto que lo sustituya.

La foto viene a ser que la mayoría de los dispositivos electrónicos que dejan de ser útiles para cualquiera de nosotros, la mayoría de las veces es porque no podemos seguir realizando las actividades que venimos desarrollando, en nuestro ocio y tiempo libre, estudios o trabajo, se podrían reutilizar y ser útiles para otros fines que requieren menos recursos tecnológicos.

En estos últimos tiempos, no dejamos de oír hablar del cambio climático, del desarrollo sostenible, la agenda 2030 y 2050. El cambio climático es una amenaza multiplicadora, amplifica las amenazas existentes, exacerba los problemas económicos, ambientales y sociales.

El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

Aunque el cambio climático es inminente, muchos sectores de la sociedad, no lo perciben así, por ello, hay que crear canales de sensibilización e información del porqué sucede esto y como entre todos podríamos colaborar en buscar soluciones eficientes.

Para nosotros, no solo es una actividad más, sino trabajar con la misión y compromiso de hacer un planeta más sostenible desde lo que sabemos hacer bien.

Durante septiembre y octubre, hemos podido facilitar el acceso a dispositivos electrónicos a más de 100 familias, dispositivos que para las empresas se quedaron obsoletos y para estas familias les facilita el poder seguir estudiando, formarse, teletrabajar y realizar trámites administrativos, cada vez más digitalizados.

Desarrollar estos proyectos no siempre es fáciles sin la complicidad y compromiso de las RSC de las empresas, que cada vez están más alineadas en la implementación de los ODS y reducir residuos, además de iniciativas como la ‘Convocatoria de Medioambiente y Desarrollo Sostenible’ puesta en marcha por Fundación Montemadrid y CaixaBank, que nos apoya y visibiliza el proyecto